Santería cubana · Orishas

Changò o Shangò

Dios del fuego y los tambores

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Changò o Shangò
Colores
DominioDios del fuego y los tambores
SincretismoSanta Barbara

Changò o Shangò

Dios de la virilidad, de la masculinidad, del fuego, de los rayos y truenos, de la guerra, Señor de los tambores batá, de la danza y de la música. Quizás inspirado en un mítico rey Yoruba del reino de Oyo. Hijo indeseado de Yemayà, fruto de una violación, pero protegido por Obatalà. El santo católico es, como en el caso de Obatalà, extrañamente femenino, y es Santa Bárbara. Sus colores son el blanco y el rojo. Y la belleza viril. La palabra Changò significa problema; en efecto, representa todas las virtudes y todas las imperfecciones humanas: es trabajador, valiente, buen amigo, adivino y sanador, pero también es mentiroso, mujeriego, pendenciero y jugador. Sus días son el viernes y el 4 del mes. Por su concepto tan amplio de la vida y de la alegría, se dice que asusta a los muertos. Con seguridad no quiere conocer el sufrimiento ni la pena. Sus objetos son de tipo bélico: hacha de uno y de dos filos, machete, lanza, daga, una flecha. Le gustan las mujeres y por ello tiene innumerables aventuras amorosas y disputas con los rivales. Tiene varias amantes, además de las esposas oficiales: Oyà, Obba Yurù y Ochun. Cuando comienza a bailar, empieza a dar golpes con la cabeza, similares a los del carnero, hacia los tambores; abre los ojos desmesuradamente y muestra la lengua; agita en alto su hacha y se toca los testículos. Luego comienza la danza propiamente dicha, con saltos, contorsiones y figuras extravagantes. Su baile es guerrero y erótico, con acentuados movimientos de la cintura pélvica. Como divinidad del fuego, protege de las quemaduras y de los incendios. Tiene un collar de cuentas blancas y rojas alternadas. El rojo es símbolo de amor y de sangre. Se acompaña siempre de Elegguà, de quien se dice que es Ocanani, que significa hechos de un solo corazón, inseparables. La naturaleza de Changò encuentra su representación más evidente en la caída de un rayo, en la rapidez con que el fuego puede devorar lo que encuentra en su camino. La leyenda quiere que las capacidades adivinatorias de Ifà pertenecieran originariamente a este Orisha, y que este las cediera a Orula a cambio de la destreza en la danza.

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